Entre frutas, barro y despensa, el trueque de Cholula se niega a desaparecer – Presencia en puebla

Entre frutas, barro y despensa, el trueque de Cholula se niega a desaparecer

SAN PEDRO CHOLULA.-Septiembre 8 del 2026.-(Juanita Ramírez de Armas).-Desde temprano, la Plaza de la Concordia comienza a cambiar de rostro. El movimiento de vendedores y visitantes anuncia que en Cholula no es un día cualquiera. Hay canastas cargadas de fruta, piezas de barro acomodadas con cuidado y productos que llegaron desde distintos municipios de Puebla para convertirse, unas horas después, en otra cosa.

Aquí el dinero pierde protagonismo.

Una canasta de fruta puede terminar convertida en arroz, frijol, azúcar o aceite. Una pieza de barro puede cambiar de manos a cambio de productos para la despensa. No hay billetes ni monedas de por medio; hay miradas, preguntas, regateos y, sobre todo, una palabra que todavía conserva valor: “te cambio”.

Cada 8 de septiembre, la tradición del trueque vuelve a ocupar este espacio de San Pedro Cholula. Algunos participantes llegan desde comunidades lejanas e incluso hay quienes prefieren dormir desde la noche anterior en las inmediaciones de la plaza para asegurar un buen lugar.

Cleotilde Alameda Ramos lleva cerca de 30 años participando. Desde San Antonio Tlatenco, en Chiautzingo, llega con fruta de temporada, parte de ella utilizada para preparar chiles en nogada.

Pero esta vez no viene solamente a vender.

Busca llevarse a casa aceite, azúcar, frijol o arroz. Productos sencillos, de esos que terminan directamente en la cocina y que pueden significar varios meses de despensa.

“Si hay ventas, comemos; si no, buscamos intercambiar por comida”, cuentan los productores.

Y en esta plaza se descubre que no todo tiene el mismo valor.

Una prenda vieja puede quedarse colgada. Un par de zapatos gastados puede ser rechazado. Los productores saben cuánto trabajo hay detrás de una cosecha o de una pieza de barro y ya no están dispuestos a aceptar cualquier cosa a cambio.

Plácida Sánchez Solís, de Santa María Nepopualco, recuerda que hace años el intercambio era diferente. Las hierbas medicinales, frutas y otros productos del campo tenían un papel central.

Hoy, la despensa manda.

Sopa, jabón, pasta dental, champú, sal, azúcar, arroz y frijol aparecen entre los productos más buscados. No son objetos para guardar: son cosas que se consumen, que hacen falta y que representan un ahorro para las familias.

María Merced, de San Marcos Acteopan, lo resume desde su propia experiencia: lo que consigue durante la jornada puede alcanzar para tres o cuatro meses.

Mientras tanto, alrededor de la plaza continúan los intercambios. Una persona observa una fruta; otra revisa una pieza de barro; alguien pregunta qué puede recibir a cambio. Las manos pesan, comparan y finalmente acuerdan.

Es una escena que parece detenida en el tiempo, pero que cuenta una historia muy actual.

Porque el trueque de Cholula ya no solamente habla de una tradición heredada de generación en generación. También habla de familias que buscan que su trabajo alcance, de productores que prefieren comida antes que dinero y de una economía doméstica en la que cada kilo de arroz, cada litro de aceite y cada bolsa de frijol cuentan.

Entre el olor de la fruta, el color de los puestos y el barro recién acomodado, Cholula vuelve a recordar que antes de las tarjetas, las transferencias y los precios marcados existió una manera mucho más sencilla de comerciar.

Mirarse a los ojos, extender la mano y decir:

“¿Qué me das a cambio?”

Y aquí, cientos de años después, todavía hay quien responde.

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