Si tus hijos aman los videojuegos, 3 reglas importantes a seguir

Por mucho tiempo los videojuegos fueron catalogados como nocivos para los niños, aunque afortunadamente esta ideología ha ido cambiando por parte de los educadores y padres quienes son cada vez más abiertos al tema e incluso fomentan el gusto de sus hijos por este tipo de entretenimiento.

Que si incitan a la violencia, que si sus contenidos no son aptos para los más jóvenes, que si son adictivos e inducen a la vida sedentaria; todas son ideas que por mucho tiempo han preocupado a los padres respecto al uso de videojuegos por parte de sus hijos.

No obstante, todas son erróneas, pues si bien hay juegos para diferentes edades y tipos de audiencia, jugar videojuegos puede tener bastantes aspectos positivos para la educación y sobretodo para el desarrollo de tus hijos, siempre y cuando no sean muy bebés.

Hay diferentes estudios que lo comprueban como por ejemplo, una investigación de la Universitat Oberta de Catalunya, encontró evidencia de que jugar videojuegos en la infancia, antes de los 14 años y con al menos dos horas a la semana, parece inducir mejoras en la función cerebral en la edad adulta.

Por otra parte, se han comprobado los increíbles beneficios que pueden aportar a la salud de los peques en algunos casos. Un ejemplo claro es el que expuso la Fundación Juegaterapia, donde se  comprueba que jugar videojuegos reduce el dolor así como el malestar derivados de la mucositis después del tratamiento de quimioterapia hasta en un 30% en pacientes pediátricos con cáncer.

El documental La quimio jugando se pasa volando, realizado por la misma fundación, muestra los resultados de los estudios llevados en el Hospital La Paz de Madrid que confirman que jugar videojuegos durante las quimioterapias ayuda a que los niños sientan menos dolor y favorece el proceso de recuperación.

Y eso no es todo, pues distintas instituciones y expertos en temas de educación y aprendizaje, han ayudado a que los videojuegos se dejen de percibir como un simple pasatiempo meramente lúdico o como una actividad promovida por el ocio, al integrar métodos educativos que incluyen este tipo de tecnologías con el fin de promover la educación y el desarrollo infantil.

Un claro ejemplo es es Isabel Cano, doctoranda en Investigación en Arte Contemporáneo por la Universidad del País Vasco y docente en el colegio Nuestra Señora de las Maravillas de Madrid, donde imparte la asignatura Crea Digital a niños de primero a sexto de primaria. Ella menciona que “es importante quitar el estigma de que los videojuegos son un lenguaje adolescente. Tanto padres y madres como educadores tenemos que volver a aprender a jugar”.

Ella asegura que los videojuegos, aplicados bajo ciertas pautas, no solo son un elemento de ocio positivo que gusta y divierte a casi todos los niños, sino que podrían ser además una poderosa herramienta integradora en el aprendizaje, dado que, al mantenerlos activos e interesados, mejora su capacidad de retención y atención de forma notable.

Por ello, la experta comparte comparte tres reglas sencillas, con las que los padres pueden sacar todo el partido positivo a los videojuegos. Estas son las claves que Isabel Cano aplica y recomienda también a la hora de jugar en casa:

Interésate por conocer a qué juegan tus hijos. Un interés sincero en saber en qué ocupan su tiempo de ocio e intereses es siempre una buena manera de conectar con ellos y hacerles saber que sus aficiones te importan.

Siéntate a compartir con ellos su tiempo de juego o incluso, por qué no, anímate a jugar. Además de que puede ser una forma divertida de pasar tiempo en familia, supone un reto estimulante para los padres. Dado que los niños siempre se están adaptando a nuestras exigencias, les gustará vernos entrar en su mundo bajo sus propias pautas.

Crea una rutina con horarios estables. Por ejemplo, un rato de juego una vez que todas las tareas han sido terminadas. Esto ayudará a no ver los videojuegos como una recompensa sino como un elemento más, normalizado dentro del día a día. De esta manera podemos evitar generar comportamientos compulsivos o adictivos.

Esto es también un reto para padres y educadores, para volver a ser, en cierta medida, niños de nuevo y rescatar de la memoria la vieja habilidad de jugar.