“Ahí nos dicen que se oyen lamentos…”

(Por: Salvador Camarena / El Informador Jalisco).-El 3 de marzo, la periodista Daniela Rea, de Pie de Página, publicó un reportaje sobre la búsqueda de personas que fueron desaparecidas en Guanajuato. El arranque del texto merece la reproducción por varias razones. Aquí va:

“Fuimos y nos dicen que para allá, para un ojito de agua, para un cerrito, por ahí nos dicen que se oyen lamentos, atrás del palenque también, allá en la comunidad Sauz de Villaseñor, en Celaya. Ahora sí que por los rumores y, bueno, pues vamos, no perdemos nada. Y fuimos por el ojito de agua, el pozo de agua y por el palenque. Estuvimos siete horas trabaje y trabaje, varillando, excavando y al final encontramos un perrito colgado, una perrita, la colgaron unos dos días a lo mucho, nos espantamos y pues… ¿quién puede venir a hacer aquí todo esto? Pensamos que era una señal, que era reciente y empezamos a checar más adelantito y fue que encontramos los montículos de piedrecitas, cobijas, ropa, encontramos varios objetos. Escarbamos como 30 centímetros y encontramos los primeros cuerpos, unos 4 cuerpos…”.

Esas palabras pertenecen a Norma Patricia Barrón Núñez, quien, consigna la reportera, “busca a su esposo y a su hijo desaparecidos en Irapuato en junio del 2019”.

Barrón Núñez y su familia, de Guanajuato, hacen la búsqueda de sus seres queridos porque las autoridades estatales toman a la pandemia de pretexto para no hacer exploraciones (zonadocs.mx/2021/03/03/nos-dijeron-que-por-ese-ojito-de-agua-se-escuchaban-los-lamentos/).

Semanas después de publicado el reportaje, antier la prensa dio la noticia de que en ese predio van ya una veintena de cuerpos desenterrados, pero que se teme que haya muchos restos más.

De eso no quiere hablar el presidente en la mañanera y, seamos claros, tampoco la oposición.

A Andrés Manuel López Obrador no le interesa hacer prioritaria la tragedia de la gente que ha sido desaparecida porque, para empezar, no hay ahí ningún bonito símbolo del cual pueda colgarse en su afán de machacar, día con día, que su gobierno devolverá a México el esplendor del pasado. A lo más que llega el presidente es a tener un caso emblemático -los 43 de Ayotzinapa- pero no una política nacional, y menos una visibilización prioritaria, de la búsqueda de los sustraídos. Y detrás de ese antiejemplo están todos los gobiernos estatales, independientemente del símbolo político mediante el cual llegaron al poder.

AMLO, feroz crítico del fracaso de Calderón y Peña en temas de inseguridad, hoy es solo un propagandista de la Guardia Nacional, mecanismo policiaco-militar que no mitiga el dolor de las familias víctimas de masacres y levantones, ni es relevante para la procuración de justicia. Y encima, el Congreso discute reformas a la ley de la Fiscalía General de la República que harán que esa dependencia sea (aún) más refractaria a esa agenda.

Por eso el testimonio de Norma Patricia Barrón Núñez, con sus frases de palabras en diminutivo pero su firmeza en la determinación de no rendirse, es tan pertinente, tan necesario el repetirlo. A ella y a su familia qué más les da pandemia o debates de la energía eléctrica, si desde 2019 les partieron la vida. A ella y a decenas de miles en todo el país.

Guanajuato es, y no de ahora pero no se detiene, un cementerio con cadáveres apilándose. Y lo mismo se puede decir de Michoacán, Jalisco, Baja California, Zacatecas y Chihuahua, estados que la consultora Lantia Intelligence destaca en el rubro de asesinatos del crimen organizado.

Los lamentos los oyen algunos vecinos y las familias de las víctimas, pero ninguna autoridad tiene oídos para ellas.