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SIN LÍMITES / Un inédito y triste Cinco de Mayo

 

*No hay fiestas ni desfile; algo que no habían visto los más viejos de la comarca /

(Por Raúl Torres Salmerón / Para Presencia en Puebla)

Es algo que nunca se había visto. Por lo menos en las últimas cinco generaciones. Todo por culpa de la pandemia de coronavirus.

Puebla Capital tendrá un día 5 de mayo inédito, triste, fuera de lo común. Estamos en el mes de mayo, mes que era de la feria poblana, eran días plenos de alegría, eran noches de palenque y embeleso, noches de peleas de gallos y corridas de toros; además de un desfile cívico militar con la presencia habitual del Presidente de la República en turno.

En los malos días de política, el representante era el Secretario de Gobernación a quien lo acompañaban los Secretarios de la Defensa Nacional y de la Marina.

Este 5 de mayo será como un día cualquiera, con media ciudad confinada y el resto tratando de sobrevivir.

Bajo las amenazas de millonarias multas por parte del Gobernador Miguel Barbosa Huerta a restaurantes que abran sus puertas, el mandatario oriundo de San Sebastián Zinacatepec no podrá ver a los militares y a los orgullosos estudiantes poblanos de muchas escuelas de Puebla Capital y del interior del estado.

No habrá cadetes del H. Colegio Militar ni de la H. Escuela Naval, ni los contingentes respectivos de caballería y blindados. Ni los estudiantes de las escuelas militares poblanas asentadas en la entidad.

No habrá batallones armados con machetes de Zacapoaxtla, Tetela y Xochiapulco.

Tampoco los aguerridos aguiluchos del Centro Escolar Niños Héroes de Chapultepec y del resto de centros escolares del interior del Estado. Tampoco los policías, los bomberos y los charros poblanos.

Eran días soleados por las mañanas y lluvias por las tardes. Ahora sin la tradicional feria, sin corridas de toros. El Centro Expositor construido por Mario Marín, vacío y cerrado. La plaza de toros El Relicario, abandonada.

Días sin peleas de gallos, sin palenque y sin cantantes famosos. Y ya ni hablar de aquellos tiempos donde se llevaban a cabo los famosos combates de flores, donde los muchachos apuestos del desfile iban tras las futuras novias.

Existe un ambiente de tristeza. Hospitales que se empiezan a congestionar. El Centro Histórico abandonado y acordonado

Vaya, ni en los peores días de gobierno del inefable nieto del general represor, Rafael Moreno Valle Rosas, que minimizó el desfile y las fiestas de mayo.

Pareciera que recobrara la vida la maldición del Mesón del Cristo. Peor, imposible. Cobra vigencia el viejo dicho de los políticos desplazados: “Estábamos mejor, cuando estábamos peor”.

LA HISTORIA DEL DESFILE

Fue a partir de 1920, cuando asumió como Gobernador Interino don Luis Sánchez Pontón, cuando se instucionalizó la celebración oficial en Puebla del Cinco de Mayo.

De acuerdo al historiador Antonio Deana Salmerón, en la década de los años 20, se empezó a recordar con magnificencia la efeméride con tres actos importantes, el simulacro de la batalla, el  desfile militar y el combate de flores, en los cuales toda la ciudad prestaba su concurso para el mayor lucimiento. Por la mañana de cada día de esta fecha histórica se efectuaba un simulacro de la contienda bélica en los mismos lugares.

Luego en la plaza cívica, desfilaban los participantes, además de elementos del Ejército y alumnos de diversas escuelas. En la tarde el añorado combate de flores, donde las guapas poblanas iban sentadas en automóviles lujosos.

En 1926, en una representación, los jinetes mexicanos arrebataron a los zuavos una bandera francesa, que pisotearon los caballos; el embajador de Francia en México presentó enérgica protesta ante la Secretaría de Relaciones Exteriores y se canceló el simulacro.

En los años 40, el Gobernador y general Maximino Ávila Camacho, hizo un simulacro de la batalla con los conscriptos del Servicio Militar. Fue el último acontecimiento de ese tipo. Cuando fue Gobernador Manuel Bartlett, se realizó una representación en los cerros a la que asistió el Presidente Ernesto Zedillo.

CINCO DE MAYO EN ESTADOS UNIDOS

En los Estados Unidos no cantan mal las rancheras. El día más famoso para festejar la lucha y la Independencia de México es el Cinco de Mayo.

Cinco años después de la Batalla de Puebla, en Texas, EU, un grupo de mexicanos celebró la victoria de Ignacio Zaragoza, quien había nacido allá cuando Texas pertenecía a México. Había fiestas, canticos y lectura de poesías.

Por alguna extraña razón los migrantes mexicanos y las autoridades estadounidenses identifican el Cinco de Mayo como el gran día de la victoria mexicana sobre los franceses en Puebla, en la batalla de Puebla de 1862, consideraban en ese tiempo al ejercito francés como el invencible.

Los poblanos avecindados en gran número en Nueva York y Los Ángeles organizaban festejos de gran tradición y asistencia. Incluso el Presidente en turno abría sus puertas en la Casa Blanca para rendir homenaje a los héroes mexicanos.

Ahora ni siquiera Donald Trump se ha referido a este festejo, pues está muy ocupado en culpar a China de sus males, del coronavirus y menos recordó esta importante fecha.

Esta ocasión no habrá desfiles, fiestas ni reuniones de las comunidades mexicanas. Si acaso algunos consulados harán algo vía las redes sociales.

En fin, como dice el Coro de la canción La Batalla del 5 de Mayo, versión de la canción estadounidense The Battle of New Orleáns, donde la letra mexicana celebra el triunfo de los republicanos sobre los zuavos franceses:

Cayeron diez y ninguno mexicano

siguieron otros seis

y empezaron a notar

que a ningún francés

en aquel 5 de Mayo

se le veían los pies y corrían sin parar…

Y corrían a pie y corrían como trenes

brincaban los magueyes

al disparo del cañón

brincaban nopales más alto que las liebres

y otros se arrastraban como herido camaleón.

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