Columnistas

Salud, vida privada y la cándida Eréndira

(Por: Diego Petersen / El Informador Jalisco)

Extraña declaración del subsecretario de Salud en funciones de rockstar de la 4T, Hugo López-Gatell, a quien ahora le da por meterse en cualquier asunto (dadme un micrófono y opinaré de todo). Dice el médico que la revelación del contagio de la secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval, de COVID-19 constituye, cito, “una grave violación a la ética del servicio público” y añadió, con la seguridad que solo da el poder, que se hará un investigación que tendrá sanciones muy importantes.

No alcanzo a entender por qué el subsecretario de Salud encargado de facto del combate a la pandemia está tan preocupado por una filtración a la prensa, pero, sobre todo, qué tiene que hacer él investigando cuestiones de ética pública y prometiendo sanciones para las que no tiene atribución alguna, ni para investigarlas ni para aplicarlas. Quiero suponer que se trata simplemente, me arriesgo al diagnóstico sin ser médico, de un caso más de mareo de poder por sobre exposición a medios: se subió al ladrillo y le dio mal de altura.

Más allá del mensajero, la pregunta de fondo es si existe un problema ético en difundir información sobre el estado de salud de un funcionario público. Este es uno de los debates más interesantes de la ética periodística, pues se encuentra en la frontera entre el derecho a la vida privada del funcionario (la salud de cualquier persona pertenece sin duda al ámbito privado) y el derecho de los ciudadanos a saber que quienes nos gobiernan, quienes tienen un encargo público con un mandato de ley y una remuneración pagada por el erario, estén en buenas condiciones de salud. En el caso de la secretaria evidentemente su estado de salud jamás puso en riesgo el ejercicio de su función, por lo tanto, desde ese punto de vista no es exigible que lo reportara. Lo que sí es de interés público, al tratarse de una enfermedad altamente contagiosa, es el comportamiento público de la secretaria, pues puso en riesgo (suponemos que sin conocimiento de causa) a otros funcionarios o ciudadanos con los que estuvo en contracto y ellos tienen todo el derecho a conocer la condición de salud de la secretaria. Dicho en otras palabras, lo que sí puede ser una falta grave a la ética del servicio público es haber ocultado información relevante para la salud de otros; eso sí es materia de investigación y eso es justamente lo que están haciendo los periodistas.

Ahora que, si lo que realmente quieren es cuidar la vida privada de los funcionarios, quítenles el Twitter: el intercambio de declaraciones amorosas entre la cándida Eréndira y su marido, John Ackerman (mejor conocido como el secretario de Adulación Presidencial) raya en el exhibicionismo más patético. Qué bueno que no la mató el virus, pero que se cuiden del matacursis. Ese no perdona.

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