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La sucesión de Raúl Castro navega en un mar de incertidumbres

CUBA.- Noviembre 13.- (Agencias / Foto AP).- Cuba se enfrenta el año próximo a la sucesión de Raúl Castro , que terminará dos mandatos desde que accedió al poder total, en 2008. Y lo hace con un sinfín de incertidumbres y una sola certeza: la revolución castrista continuará su camino a pesar de los obstáculos económicos.

Ese es el objetivo del proceso abierto hace meses por el régimen, cuya primera etapa se concretará con las elecciones municipales del próximo 26 de noviembre.
El oficialismo impidió que siquiera uno de los 650 aspirantes opositores que se postularon a ser candidatos pasara la primera criba, cuando en 2015 sí lo consiguieron dos de 30. Las cifras confirman las denuncias de los disidentes: no se asoma ninguna apertura política.
La encrucijada histórica no llega en buen momento para la isla, con las reformas congeladas, al borde de la recesión económica y en medio de la ola de desesperanza que provocó el fracaso del deshielo promovido por Barack Obama.
Si el momento culminante de la primavera de la nueva era entre los dos enemigos del siglo XX fue el viaje del ex presidente norteamericano a La Habana en 2016, su contraparte han sido las sanciones del gobierno de Donald Trump y el consiguiente regreso al síndrome de plaza sitiada por el imperialismo.
El elegido para conducir la nueva etapa sin Fidel y sin Raúl al frente del Consejo de Estado y del Consejo de Gobierno es el vicepresidente segundo, Miguel Díaz-Canel, funcionario del Partido Comunista cubano que creció en provincias al margen de las conspiraciones capitalinas, que se llevaron por delante a los antiguos delfines Carlos Lage y Felipe Pérez Roque.
Es un nombramiento que nadie confirmó. Sus últimas amenazas contra medios alternativos y el video filtrado en el que ordenaba impedir que opositores pudieran concurrir a las elecciones exacerbaron su perfil ortodoxo, para que nadie crea que se puede convertir en el Mikhail Gorbachov cubano. Quienes lo conocen describen a un hombre inteligente, preparado y que sabe escuchar, una imagen muy alejada del gris funcionario comunista que lo acompaña en sus actos dentro y fuera del país.
Salvo una sorpresa monumental, Díaz-Canel será el presidente, pero no el jefe. "No lo van a dejar ejercer como comandante en jefe. No podrá dar órdenes ni a un cabo de escuadra. Tampoco será de veras jefe de gobierno", pronostica el analista Roberto Álvarez Quiñones, uno de los mejores conocedores de las entrañas del poder cubano.
Raúl seguiría al frente del Partido Comunista y su hijo Alejandro Castro, jefe de la Inteligencia y la Contrainteligencia, está llamado a ser la contraparte militar. Sin olvidar -por supuesto- a los viejos militares de Sierra Maestra, que como el primer vicepresidente, José Ramón Machado Ventura, ejercieron de contrapeso ortodoxo en la era de las reformas.
El general fue el encargado de glosar las gestas de la revolución bolchevique, que "demostró que era posible un mundo sin explotadores y explotados". Eso, para dejar claro que no se contempla, ni mucho menos, una apertura política en el futuro.
El control político total no consigue domar a la economía. "Lo poco positivo que pasó en la economía en estos meses fue la aprobación de inversión extranjera directa por $2,000 millones, que puede evitar que la economía caiga en recesión.
Mi pronóstico es que el PBI ni suba ni baje, se quede a cero, con tendencia negativa", resume Pavel Vidal, economista cubano y antiguo funcionario del Banco Central (BCC) de la isla.
Esa es la gran paradoja cubana: en medio siglo, el país se agigantó con su peso político en el continente mientras su economía se reducía año tras año y sus dirigentes se convertían en especialistas administradores de una crisis tras otra.
"Las perspectivas económicas no son esperanzadoras. Si las cifras de crecimiento no cumplen las magnitudes de los planes, el país está abocado a una reforma profunda de la economía o a una nueva crisis de inmensas proporciones, que en la actual coyuntura política podría tener consecuencias imprevisibles", resume el economista cubano Mauricio de Miranda.
El experto advierte también sobre los peligros del derrumbe venezolano: "Caracas no está en condiciones de cumplir con sus obligaciones de pago por los servicios médicos y profesionales a Cuba, generándole a la isla una virtual crisis de liquidez". De los 100,000 barriles diarios de crudo de la buena época, desde Venezuela actualmente se envían menos de 70,000.

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