Académico de la IBERO publica libro sobre sobrevivientes de violencias

CIUDAD DE MEXICO.-Octubre 17 del 2020.-/Texto y foto Pedro Rendón / ICM/.-Las personas sobrevivientes de violencias, y que resisten a ellas, “siembran semillas de vida plena”, afirmó el doctor Carlos Mendoza-Álvarez, O.P., académico del Departamento de Ciencias Religiosas de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, quien recientemente publicó el libro La resurrección como anticipación mesiánica. Duelo, memoria y esperanza desde los sobrevivientes.

Con su texto, el Dr. Mendoza, quien pertenece a la Orden de Predicadores (dominicos), quiere deconstruir la idea de resurrección, la cual mira “a través de dos lentes”. La primera, es el pensamiento posmoderno de las subjetividades vulnerables; pero también de los cuerpos vulnerados, que analiza la teoría queer, aquellos ‘cuerpos basurizados’ que en la actualidad resurgen como movimientos que promueven un cambio de mundo.

“Es una lente con la que analizo cómo hablar del sentido de lo humano, desde las fosas clandestinas, desde los migrantes, desde las personas que luchan para resistir a las violencias. Por ejemplo, los pueblos originarios defendiendo sus territorios, uno de ellos muy cerca de nosotros, Texcoco, con su proyecto ‘Manos a la Cuenca’, que busca rescatar el Lago de Texcoco”.

Para el docente e investigador, todos estos movimientos sociales tienen sabidurías propias que es preciso reconocer, porque hablan del aquí y ahora para todes, y también de una plenitud a la que se anhela llegar.

La otra lente con la cual mira la resurrección es la del pensamiento descolonial, que desde el Sur epistémico tratan autores como Boaventura de Sousa Santos, Raúl Zibechi, Rita Laura Segato y Silvia Rivera-Cusicanqui (quienes han participado en coloquios realizados en la IBERO); así como del pensamiento negro, como el de Achille Mbembe, que apoya movimientos contra el racismo en el mundo. “Esta otra lente me ayudó a ver que hay no sólo resistencias territoriales, políticas, de cuerpos y de feminismos, sino que hay pensamiento crítico que se desarrolla y surge desde ahí; hay sabidurías”.

El dominico emplea estas dos lentes para deconstruir la idea de resurrección desde una perspectiva del “más acá”; lo que hace al buscar responder la pregunta que se formula a lo largo del libro: ¿dónde está floreciendo hoy, en medio de la vida amenazada,  la esperanza de vida plena? Para hallar esa respuesta pone énfasis en un proceso conformado por el ‘duelo’, la ‘memoria’ y la ‘esperanza’, tres momentos que vive toda comunidad de sobrevivientes de violencias (contra las mujeres, contra migrantes e incluso familiares de personas desaparecidas).

El duelo, porque enfrenta el trauma que suscita la interrupción de la vida arrebatada de un ser querido, por ejemplo, en el caso de los feminicidios, la desaparición forzada o la destrucción de la Madre Tierra. El duelo es fundamental para las y los sobrevivientes, porque es el proceso de asimilación de la ausencia para encontrar un sentido en la vida presente.

La memoria, porque a través de contar historias se mantiene vivo el recuerdo de quienes ya se fueron, su causa, su lucha, su resistencia y su dignidad. En la teología cristiana, la memoria ayuda a “sabernos acuerpados por nuestros ancestros” como parte del cuerpo del Mesías Jesús. Dicha vivencia es conservada por los pueblos originarios a través de sus grandes tradiciones orales y rituales. La memoria es también acto de re-cordar (del latín ‘cordis’, que significa volver a pasar por el corazón) y re-membrar “lo que ha sido des-membrado por la violencia del mundo, por la injusticia, la inequidad, el racismo”. Y es que “la memoria es una potencia que desplegamos los humanos para mantener encendida la llama de la vida”.

La esperanza, es fruto de la resiliencia, aquella fuerza íntima que surge resistiendo, el sobrevivir a pesar de la adversidad. La esperanza tiene entonces una connotación ecológica, política e incluso espiritual, “porque lo que nos hace luchar para vivir con dignidad, con justicia y con esperanza, confiamos que va a trascender hasta la vida eterna, aunque aquí y ahora ya es una anticipación de esa plenitud que viene de Dios como fuente amorosa de lo real”.

Capitulado

Todo lo mencionado es tratado por el Dr. Carlos Mendoza-Álvarez a lo largo de los cinco capítulos del libro La resurrección como anticipación mesiánica. Duelo, memoria y esperanza desde los sobrevivientes.

La obra empieza hablando de las violencias y de las resistencias; luego, de las comunidades en duelo que surgen a mediados del siglo XX, a consecuencia del holocausto judío (Shoa) y de las dictaduras militares en Sudamérica (Argentina, Chile y Brasil).

Después, señala que el cristianismo no es ajeno a esta experiencia de duelo, memoria y esperanza, pues la comunidad de discípulas y discípulos de Jesús también vivió un duelo luego del traumatismo cuando “les matan a su maestro, les matan a su rabí y se quedan con una ausencia que duele. Esa comunidad jesuánica vive un proceso de duelo para interpretar qué sucedió, por qué a un justo, a una persona que partía y repartía el pan, que curaba enfermos, perdonaba y consolaba, lo matan los poderes imperiales romano y religioso sacrificial del Templo de Jerusalén”.

Al releer las Escrituras, donde se habla de que el justo que ha sido aniquilado es rescatado por Dios, esa comunidad en duelo percibe que Jesús está presente en medio de la comunidad cada vez que se hace memoria de sus dichos y hechos, de sus gestos mesiánicos (como partir el pan). Esa realidad de comensalía anticipa un futuro que será el banquete final del Reino de Dios; pero antes, la comunidad cristiana primitiva logró crear esa narrativa de resurrección y “ahí es donde surge la fe en la resurrección”.

Por este ejemplo prototípico de lo que es un duelo resuelto con dignidad y esperanza, es que Mendoza-Álvarez considera que el cristianismo tiene algo que decir a toda comunidad en duelo y resistencia. “Por eso el libro se llama La resurrección como anticipación mesiánica, porque el mesías está llegando cada vez que una comunidad vive un proceso de duelo, memoria y esperanza. Y eso es lo que en el último capítulo trato de amarrar como una teología descolonial de la resurrección”.

Insurrección contra la violencia

Más allá del aspecto teológico, de ser un asunto de Dios, ‘la resurrección es una insurrección’; una frase que el académico de la IBERO retoma de Leonardo Boff (exsacerdote franciscano, teólogo y filósofo brasileño), para desarrollar la idea de que es una insurrección contra todo sistema que genere violencia.

Insurrección manifiesta en las prácticas de cuidado de la vida de las personas más vulnerables, de los cuerpos que al mundo no le importan (los cuerpos negros, los cuerpos enfermos, los cuerpos migrantes, los cuerpos gordos, los cuerpos feos, los cuerpos que el mundo hegemónico no acepta), pero a Dios sí le importan, porque la Sabiduría divina es compasión y amor inclusivos.

Por eso, Carlos Mendoza reinterpreta la resurrección como un acontecimiento que se da como anticipación en la vida terrenal cuando los sobrevivientes viven en insurrección, surgiendo desde dentro de ellos(as) con el duelo, la memoria y la esperanza, como destellos de la plenitud que se espera al final de la vida. “Aquí y ahora sólo nos toca cuidar y conservar esos destellos de luz, de compasión, de justicia, de verdad, de libertad”.

Esa insurrección es la resurrección de todas las y los crucificados de la Tierra y de la historia, cuyas vidas fueron sesgadas por la codicia, la soberbia y el poder. “La insurrección quiere decir que se le da vuelta a ese proceso de muerte para hacer surgir la vida”. Una insurrección de la que se hacen cargo las y los sobrevivientes de las violencias.

Libro

El libro La resurrección como anticipación mesiánica. Duelo, memoria y esperanza desde los sobrevivientes fue editado por la Dirección de Publicaciones de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México. Su versión digital (ebook) puede encontrarse en Amazon Books, Apple Books, Google Play y Kobo.