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Y la culpa no era mía...

(Por: Gabriela Aguilar / El Informador)

Iris Angélica, Imelda, Vanesa, Abril, son los nombres de mujeres víctimas de violencia de género, de violencia institucional. Sus casos ocuparon importantes espacios en los medios de comunicación. Unos son recientes, otros más antiguos, todos involucran una tragedia. Son mujeres que fueron violentadas o asesinadas, abandonadas por el Estado.

Agosto de 2007. La pareja de Iris Angélica asesinó a sus tres hijos y a su madre y después se suicidó. Previamente, ella había buscado ayuda por la violencia que sufría. Nadie la escuchó.

Septiembre de 2012. Imelda es asesinada por tres personas contratadas por su esposo, quien la agredía física y psicológicamente.

Abril de 2019. Vanesa es asesinada por su esposo afuera de Casa Jalisco. La pareja estaba en proceso de divorcio y ella contaba con una orden de protección.

Enero de 2019. Mientras dormía, Abril fue golpeada por su esposo. Ella se separó de él y huyó a otra ciudad. Lo denunció, él fue a la cárcel pero fue liberado porque los juzgadores consideraron que no fue intento de homicidio. Noviembre de 2019: Abril fue asesinada.

Las instituciones les fallaron, el sistema de justicia les falló, la sociedad les ha fallado. Y la culpa no fue de ellas, porque ninguna persona es responsable de la violencia que ejercen en su contra. Habría que hacer planas con eso.

En México, de enero a octubre de 2019, más de tres mil mujeres fueron asesinadas. El 25 de noviembre se conmemoró el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres. Ese día las mujeres salieron a las calles. Mujeres que han víctimas de violencia. Mujeres a las que se les ha impedido decidir sobre sus cuerpos. Mujeres que buscan a otras mujeres que desaparecieron. Mujeres que quieren ser libres, vivir sin miedo. Mujeres que luchan por otras mujeres.

Hubo marchas, gritos, lágrimas, rabia, frustración, sentimientos contenidos y sentimientos desbordados. También hubo pintas y destrozos en espacios públicos. Los hombres hablaron, consignaron, señalaron, se escandalizaron... “¡Pobres de los monumentos, esas no son formas!” “¡Así no, mujeres!”. Su masculinidad es tan frágil que no permite una revisión a su comportamiento. Su masculinidad es tan frágil, que un simple accidente vial, provoca la furia de un sujeto que agrede y daña el vehículo de una mujer.

Pero a pesar de todo, todavía hay caminos de esperanza por recorrer. Un grupo de jóvenes mujeres denominado Las Tesis nos demostró que la revolución feminista sigue en pie y gritando al mundo lo que tanto se niega a escuchar: la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía. Y todo vuelve a tener sentido.