Columnistas

Las señales de Bolivia

(Por: Jaime Barrera / El Informador Jalisco)

Ahora que el Presidente Andrés Manuel López Obrador metió a la conversación pública el tema del golpe de Estado, como respuesta a sus “adversarios” que como el general en retiro, Carlos Gaytán, criticaron al Gobierno de la autollamada cuarta transformación por el operativo fallido en Culiacán el pasado 17 de octubre y el desgaste que esto ha significado para el Ejército mexicano, habrá que leer muy bien lo ocurrido en Bolivia donde, tras semanas de protestas sociales, renunció ayer su presidente Evo Morales.

En una clara intentona de perpetuarse en el poder, el ahora expresidente boliviano que llegó al poder en el 2006 con una gran popularidad, buscaba un cuarto mandato hasta el 2025, para lo que se convocó a elecciones el pasado 20 de octubre en las que se acusaron múltiples irregularidades que, desde esa fecha y hasta ayer, provocaron grandes manifestaciones contra lo que llamaban el fraude electoral que en primera vuelta le dio el 47.08 por ciento de la votación contra el 36.51 por ciento que alcanzó su opositor Carlos Mesa.

Lo que pudo precipitar la salida de Morales ayer de la presidencia de Bolivia fue el informe que la Organización de Estados Americanos (OEA) emitió en la mañana del domingo en el que, tras la revisión del proceso electoral, afirmaban que “en los cuatro elementos revisados (tecnología, cadena de custodia, integridad de las actas y proyecciones estadísticas) se encontraron irregularidades” y concluían que por ello la primera ronda de las elecciones del 20 de octubre debían anularse y repetir el proceso con un nuevo órgano electoral.

Este fallo de la OEA acabó también con el ya muy poco apoyo que tenía Morales de las Fuerzas Armadas y la Policía bolivianas.

Pese a este desaseo original y a los estallidos de júbilo social que se vieron ayer en las calles y pueblos de Bolivia tras la caída de Evo Morales, algunos gobiernos, como el de México consideraron que se trató de un claro golpe de Estado, a juzgar por lo que manifestaron en sus redes sociales desde el Presidente López Obrador: “Por lo pronto, ya que mañana daremos a conocer con amplitud nuestra postura, reconocemos la actitud responsable del presidente de Bolivia, Evo Morales, quien prefirió renunciar a exponer a su pueblo a la violencia”; el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard: “En Bolivia hay una operación militar en curso, la rechazamos, es similar a aquellos trágicos hechos que ensangrentaron nuestra América Latina el siglo pasado. México mantendrá su posición de respeto a la democracia y las instituciones. Golpe no”; y hasta la dirigente del partido Movimiento de Regeneración Nacional, Yeidckol Polevnsky: “Duro golpe a la democracia en América Latina, el golpe de Estado en contra el presidente @evoespueblo es un regreso a la violencia. Exigimos respeto a la vida, la libertad y la integridad de los bolivianos”.

Más que clara, pues, la postura del Gobierno mexicano de condena con lo ocurrido con Evo, quien encabezó un proyecto de izquierda bolivariana que fue exitoso en el combate a la pobreza, pero que ignora las tentaciones autoritarias de las trampas electorales en las que incurrió y que acabaron con su salida del poder.

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