Columnistas

El sexenio envejece

(Por: Pablo Latapí)

Envejece el sexenio de Andrés Manuel López Obrador. Entendiendo el envejecimiento como la atrofia paulatina de las funciones vitales, y la pérdida de habilidades, el mandato de López Obrador envejece, y en ocasiones parece que a pasos agigantados.

Va perdiendo habilidades.

Ya no viaja en el emblemático jettita blanco, que se volvió noticia a nivel mundial por el reflejo de la austeridad republicana que pregonaba, y ahora, como lo hacían sus antecesores, se traslada en convoys de suburbans que cruzan raudas y veloces por calles, caminos y carreteras.

Su remedio para todos los males, el combate a la corrupción, empieza a desparecer de los discursos oficiales, y cada vez es más infrecuente. Y cómo no, si ha habido tolerancia extrema para personajes como el senador Napoleón Gómez Urrutia, señalado por sospechoso enriquecimiento ilícito; además uno de sus brazos fuertes, Manuel Bartlett, al frente de la Comisión Federal de Electricidad, trabaja todos los días chapoteando en el lodo de la sospecha de negocios inmobiliarios turbios y de otro tipo en los que existiría conflicto de intereses, y finalmente, 10 de sus 12 superdelegados, los responsables de hacer llegar los programas sociales a los sectores más vulnerables de la población, están bajo sospecha de malos manejos, y dos de ellos ya con investigaciones serias por corrupción como el de San Luis Potosí, Gabino Morales, y el ex delegado en Jalisco, Carlos Lomelí.

Ya no es tan recurrente el discurso anticorrupción. Ya no se puede.

La tarde negra de Culiacán fue un evento que provocó también un mayor envejecimiento de golpe, porque más allá de que le dio la oportunidad a los “Chapos” de demostrar que en el momento que quieran puedan dar golpes de autoridad, exhibió la falta de una estrategia de seguridad nacional (el coco del país), la sutil flaqueza de la Guardia Nacional, y para rematar provocó un desencuentro innecesario con los militares; desencuentro que, por cierto, va in crescendo.

Habrá que ver qué tanto envejece después de la impunidad con la que grupos del crimen organizado ejecutaron a mujeres y niños en Sonora.

Y cómo la economía no crece, y no se ve por dónde pueda arrancar una reactivación de la economía, el Presidente López Obrador (como síntoma de envejecimiento) ha decidido refugiarse en la zona que mejor conoce y más domina: la de los zafarranchos verbales a diestra y siniestra con todo tipo de adversarios.

Ahí está el conflicto con el general Gallardo por lo dicho en un desayuno con militares (al que llamó públicamente imprudente), y las recientes confrontaciones por la guerra de mensajes robotizados en redes, en donde acusó incluso al hijo del ex presidente Felipe Calderón.

Síntomas del envejecimiento.

Y el gran problema es que mientras él, y su proyecto, envejecen rápidamente, se abren peligrosamente las puertas a aquellos que deshicieron el país (priistas y panistas) que buscan aprovechar las pifias y crear la sensación de que ellos son la gran opción viable.